ATRÁPEME SI PUEDE | CAPÍTULO 2

jueves, 6 de abril de 2017

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CAPÍTULO 2: EL ASESINO DE WHITECHAPEL.


9 de Septiembre de 1888, en el 221 de Baker Street.

Los acordes de un Stradivarius se dejaban escuchar como cada mañana. Una melodía lenta y melancólica envolvía la atmósfera de aquella propiedad. El aficionado movía sus dedos con gran maestría y más de una vez había advertido la mirada de algún curioso al otro lado de la ventana.

Algunos días, esas pequeñas intromisiones le llenaban de orgullo, pero a decir verdad, eran las que menos. Cuando estaba inmerso en algún caso de extremada importancia aquella afición era lo único que le daba unos minutos de paz y le enfurecía demasiado que algunas personas tuvieran la poca decencia de interrumpirle en el único momento que se dedicaba a sí mismo.

-¡Malditos cotillas! -exclamó cuando se percató de dos jóvenes que estaban agazapados en la ventana. -¡Imbéciles bastardos con demasiado tiempo libre! ¡Holgazanes! ¡Gandules! -gritó mientras corría y abría el cristal observando cómo salían corriendo los chicos que habían osado meter sus hocicos donde no debían -¡A vosotros os daba tan solo tres noches sin pegar ojo, sinvergüenzas! ¡Id a molestar a la bendita madre que os parió, quien sin duda se olvidó de daros un mamporro a tiempo con toda la mano abierta!
-¡Vaya, Sr. Holmes! ¿Ha pasado de nuevo usted una mala noche? -preguntó Watson divertido mientras entraba por la puerta.
-En realidad, mi querido amigo, he dormido a pierna suelta. Sin duda es la preparación de mi cuerpo ante lo que se nos avecina. La calma que precede a la tempestad, naturalmente. Y ni siquiera puedo relajarme cinco minutos sin que los estúpidos hijos de los Baltimore hagan de las suyas por mi propiedad. ¡Maleducados!
-Algunas familias no deberían tener descendencia si ocupan tan escaso tiempo en la educación de los hijos.
-Elemental, querido Watson. Lástima que esta sociedad se preocupe más de las apariencias que del saber estar. De todos modos, hay asuntos más importantes que tratar. ¿Dónde está el periódico de hoy? Tengo desde anoche una corazonada…
-Aquí, señor -indicó Watson entregándoselo mientras le servía un buen café cargado.
-Gracias, amigo mío. Veamos…

Sherlock comenzó a leer las noticias mientras daba grandes sorbos a lo que era su desayuno. Watson afirmaba que aquella primera hora de la mañana era crucial para su socio y que el señor Holmes apenas pestañeaba cuando comenzaba a leer las páginas de sucesos.

Según él, Sherlock era la mejor persona que había conocido. ¿Quién sino iba a sacrificar su vida por intentar salvar las de otros? Sin embargo, tras todos esos años anteponiendo el deber profesional y la ética ante sus más escondidos deseos, su carácter se había enfriado. Era meticuloso, observador y jamás pronunciaba palabra si no era estrictamente necesario. Un hombre de lo más calculador pero a su vez ingenioso e irónico. Tenía un humor agrio e inteligente y no había día que Watson rompiera a carcajadas debido a alguna de sus ocurrencias.

Un hombre que se enfrenta al peligro cada día debe ser optimista y alegre, aunque esa faceta tan solo la conozcan unos pocos, los más cercanos. Hay una reputación que mantener. Ante todo, saber comportarse en cada momento y guardar el tipo frente a sus superiores o bien, subordinados.

-¡Aquí está! -gritó Holmes, sacándole de su ensimismamiento.
-¿Qué es exactamente lo que anda buscando?
-A nuestro hombre, querido Watson, al fin vuelve a dejarse ver -le dijo indicando un titular. “El asesino de Whitechapel”, leyó.
-Entonces, tal y como suponíamos, ¿nos enfrentamos a un nuevo asesino en serie, señor?
-Por supuesto. No había lugar a duda. Ha vuelto a matar y ha seguido el mismo modus operandi. Por fin alguien interesante a quien meter en el calabozo, ¿no cree, amigo mío?
Pero antes de que pudiera contestar, el teléfono sonó.
-Para usted, Sr. Holmes -le dijo a su socio. Sabía que la policía no tardaría en llamarles.
-Por supuesto, allí estaremos -aseguró con una media sonrisa en el rostro antes de colgar. -Watson, tenemos trabajo.

***

Holmes y Watson llegaron a la comisaría treinta minutos después de la llamada y fueron directamente al despacho del señor Lusk, quien les estaba esperando junto con los agentes encargados del caso.

-Buenos días, señores -les saludó nada más entrar. -Creo que ya tendrán una ligera idea de qué es lo que nos atañe…
-En efecto, señor Lusk. Estamos al tanto de las noticias. Lo que no sabemos es por qué han tardado tanto en llamarnos -expuso Holmes quien antes de sentarse, seguido de Watson, y sacar su pluma y un papel saludó con un gesto a los presentes en la sala.
-Señor Holmes, teníamos la esperanza de que fuese un homicidio aislado… -explicó uno de los hombres.
-Mmm… Ya veo… Me inquieta saber que la policía ahora trabaja en base a las esperanzas de sus subordinados… -replicó cortándole su comentario mientras comenzaba a garabatear sobre el papel.
-Señor Holmes, disculpe al señor Coleman, lleva poco tiempo con nosotros y me temo que aún no sabe elegir las palabras apropiadas… -comentó mientras lanzaba una mirada fulminante a su hombre, quien de inmediato bajó la mirada, avergonzado. -En realidad, no nos hemos puesto en contacto con usted antes porque estábamos esperando un segundo paso del asesino para comenzar a hacer especulaciones. Pero bien saben que precisamos de sus servicios, señores.
-Bien, pónganos al día de su investigación pues.
-Dos prostitutas brutalmente asesinadas en el peor barrio de Londres en poco más de ocho días, en noches de fin de semana. El mismo modus operandi, a saber: profundas incisiones en los cuellos de las víctimas, estranguladas y degolladas por la espalda de izquierda a derecha, sin marcas de forcejeos… Lo que no sabe la prensa, aún, es que en este segundo asesinato el autor del crimen ha dado un paso más allá. La primera mujer es Mary Ann Nichols quien tan solo fue degollada. Sin embargo, con Annie Chapman descubrimos una mutilación abdominal. Las heridas en esta zona son realizadas post mortem por lo que los homicidios son rápidos y eficaces, de forma que a ninguna de ellas le dé tiempo a gritar y así evitar ser descubierto. Incluso... no hemos dado con el paradero de uno de los riñones de la fallecida...

El señor Lusk mientras hablaba les iba pasando las fotografías de las víctimas.
-Según nuestro médico forense cada una de las incisiones ha sido ejecutada con una gran destreza, de modo que se puede tratar de un médico, un barbero, un veterinario o de un carnicero…

En ese momento sonó un gran sonido que provenía del señor Watson.
-Lo siento señores… -se disculpó avergonzado. -Acabo de comerme un par de bizcochos y me temo que estoy bastante aprensivo esta mañana. Se me ha debido revolver el estómago con semejante… carnicería… Discúlpenme…

Y mientras Holmes ponía los ojos en blanco y los agentes miraban a Watson extrañados, éste sacaba un pañuelo de seda del bolsillo y comenzó a pasárselo torpemente por la cara, colorada por la conmoción y la vergüenza de haber interrumpido un asunto de semejante envergadura con el sonido de una arcada. Sin embargo, prosiguieron.
-Acaba de decir que creen conocer a qué se dedica el asesino… Supongo que no serán más que meras conjeturas, pues cualquiera podría hacer tal barbaridad…-pronunció Watson con ansias de continuar y dejar de sentirse incómodo.
-Aquí, mi buen amigo, comienza el verdadero problema. Las mujeres han sido degolladas y destripadas pero esto no ha sido cosa de un perturbado común. Hemos intentado por todos los medios que lo que le voy a contar a continuación no salga a la luz para evitar que cunda el pánico, pero mucho me temo que los testigos son bastante chismosos… Encontramos los cuerpos inertes en posturas… las imágenes hablan por sí solas… La cuestión es que, en el caso de Chapman, los órganos internos de la mujer estaban perfectamente extraídos y habían sido colocados alrededor de ella, formando una especie de símbolo. Las incisiones son limpias, otras partes internas no han sufrido daño alguno y el tiempo que tuvo el asesino de preparar “su obra” es bastante escaso. Por todo ello es bastante probable que hayamos dado con la profesión del autor… O por lo menos sabemos con certeza que se trata de un experto en anatomía.

Mientras Holmes miraba sorprendido las fotografías, el rostro de Watson se iba tornando irremediablemente en violáceo. Cuando Sherlock le pasaba las imágenes a su compañero, éste las lanzaba a la mesa sin mirarlas siquiera.
-Y según el forense… no han encontrado ni el útero ni la vagina de la última víctima. 
-¿Eso… son… los intestinos? -Preguntó por lo bajo Watson al señor Holmes señalando una de las imágenes con una mano y dándole rápidos golpecitos en la pierna con la otra mientras volvía a tener una arcada.
-Nos encontramos, señores, con un asesino en serie. Quizás el más brutal de los últimos tiempos en la historia de Londres. Muchos ya le han apodado: el asesino de Whitechapel, el asesino de prostitutas…
-¿Y saben ya por qué asesina prostitutas? -preguntó Watson.
-¿Usted acompañaría a un hombre que no muestra su identidad a un callejón oscuro? -preguntó Holmes digiriéndose a su buen amigo y bajo la satisfactoria mirada del señor Lusk.
-Naturalmente que no -contestó Watson negando enérgicamente con la cabeza.
-Pues una prostituta sí -sentenció Holmes. Y tras un silencio en la sala, el señor Lusk volvió a hablar.
-Holmes, Watson… Esperamos que nos ayuden a encontrarlo, desde este momento forman parte del caso.
-Lo encontraremos -afirmó con seguridad Holmes. -Lo encontraremos… aunque necesitaremos que la policía metropolitana y la policía de la City trabajen juntas… por el bien de todos…

Ésto último sería un gran impedimento, y Holmes lo sabía. Los dos cuerpos de policía librarían una gran batalla con tal de llevarse el mérito del caso de mayor magnitud desde hacía años. Tendría que ser más inteligente que la policía si quería llevarles por donde él quería.


Y por otro lado, ya sabemos que los periodistas son huesos duros de roer… Uno de ellos vio cómo Holmes y Watson salían de la comisaría seguidos por el jefe de la policía metropolitana y ataron cabos. Y si no, ya saben, se los inventaron. El caso es que horas después todo Londres sabía que Sherlock Holmes estaría persiguiendo al asesino más buscado de la ciudad y aquello, a nuestro criminal le pareció de lo más divertido.


3 comentarios:

  1. Interesante, Watson me hace acordar un poco al Ichabod Crane de Johnny Depp en Sleepy Hollow jejeje A menos que esté actuando y haya algún motivo turbio detrás :3

    ¡Besos!

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    1. Si te soy sincera no he visto la película pero si te ha recordado quizás debiera verla jaja
      ¡Un besazo!

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