CANCIONES DE SIRENAS Y PIRATAS (II)

jueves, 25 de enero de 2018




Llegué al arrecife, cansado de tanto nadar y esperé. Me sumergí en el agua y estuve buceando junto con todos los peces de colores que había. Además de estrellas de mar, corales y esponjas. Pero ni rastro de sirenas. Tras horas y horas de espera, buceé hacia la parte más profunda. Era una especie de túnel que acababa en unas cuevas. Al salir de ellas me encontré con una playa, nunca antes la había visto. La arena era tan fina que parecía polvo, y el agua era cristalina, diáfana.  Se podía ver a través de ella cada criatura marina que allí habitaba. Y ellas, allí estaban, a lo lejos. De todas las cosas que había oído de las sirenas ninguna se acercaba a lo que tenía ante mis ojos.

Había un grupo en el cual se peinaban unas a otras, adornando sus cabellos con corales y conchas. Parecían tremendamente coquetas hilvanando aquellas valvas en collares y pulseras. Otras jugaban a salpicarse en la orilla de la playa utilizando su majestuosa cola. Unas pocas estaban tendidas en la arena disfrutando del sol… Los rayos de Lorenzo parecían ser absorbidos por sus escamas produciendo colores del arco iris en sus aletas. Aquél cuadro no tenía nada de maligno o perverso. Me quedé allí, observando maravillado aquél festival de diosas.

Cuando advirtieron mi presencia se volvieron hacia el agua, rápidas. Cruzaban miradas unas con otras, recelosas. Entonces vencí a la curiosidad y decidí marcharme. Volví a salir al arrecife y nadé hasta la orilla de la playa. Y noté su presencia. Sus ojos hacían fuego mi nuca. Me volví y la miré. Y ella me miró. Aquellos ojos añiles se grabaron de nuevo en mi retina. Despacio me desarmé y fui entrando de nuevo en el agua con las manos a la altura de la cabeza. Cuando apenas nos separaban un par de metros la frase que estaba deseando decir se escapó entre mis labios. “Gracias por salvarme la vida”.

Algo en su mirada cambió. Un indicio de confusión. Y supe el por qué. Aposté a que nadie nunca les había agradecido rescatar a toda una tripulación. Pareció leerme la mente e inclinó su cabeza haciendo una breve reverencia sin apartar sus ojos de los míos. “¿Cómo te llamas?” – me atreví a preguntar. Entonces, se acercó a mí y me susurró su nombre al oído, su aliento era gélido, lo que provocó que se me erizara la piel. Y su voz… era delicada, dulce, melodiosa, atrayente… “Hereida”.

Hereida… Sin duda un nombre apropiado para una ninfa de las aguas. Cuando se alejó un poco parte de mí se quedó con ella. “¿Volveré a verte?” – pregunté, ansioso. Y ella sonrió y después se marchó. Y yo me quedé allí, mirando cómo el sol se ponía en el horizonte mientras su nombre se repetía melódico una y otra vez en mi cabeza. “Hereida” – susurré anhelante. Esa nueva palabra palpitaba en mis labios con fuerza, y también en mi corazón.


HEREIDA.










2 comentarios:

  1. Sara, maldita sea, que lo dejas en un momento delicado. ¡Sigue escribiendo!
    Quiero saber qué pasa :D
    ¡Un besazo, guapa!

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    1. ¡Hola guapi! :)
      Ya está terminada y programada ^^
      Los dos próximos martes saldrán los capítulos 3 y 4 ^^
      Espero que te gusten :D
      ¡Mil gracias preciosa! (L)

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