CANCIONES DE SIRENAS Y PIRATAS (IV)

martes, 6 de febrero de 2018


Los instantes siguientes fueron muy emotivos. Mis hombres parecieron encontrar respuesta a lo acontecido aquella noche en la tormenta. Y, finalmente, creyeron lo que nunca habían pensado poder creer. Aquellas malvadas criaturas marinas les habían salvado de ser ahogados en aquella descomunal tempestad. Aquellas voces angelicales guiaron sus pasos hacia la salvación e insuflaron vida en ellos, colocándoles cuidadosamente en la orilla del mar.


De este modo, Hereida y yo pudimos seguir viviendo nuestra historia, pues mis hombres se encargaron de difundir la noticia por aquella ciudad costera de Inglaterra y más allá de ella. De esta forma, todo hombre, mujer y niño dejaron de temer a las sirenas.

Habíamos superado uno de los baches. Pero aún faltaba una dura prueba. Hereida debía contar a los habitantes del mar lo sucedido. Nuestro amor y la aceptación de las sirenas por parte de los habitantes. Así la despedí con un beso en nuestro lugar cerca de aquel arrecife y esperé durante horas alguna respuesta, junto con el resto de mi tripulación y algún otro marinero. Anocheció y nada. Amaneció, y por fin la vi aparecer.

-El rey del mar desea hablar contigo - Me dijo.
Y de la nada, emergió del agua Tritón, mucho más grandioso de lo que jamás había imaginado. Su tridente era de oro puro a juego con el color de sus escamas. Su larga y sedosa melena cana se unía con su barba, delicada y vaporosa. La corona se acomodaba perfectamente en su cabeza. Su cuerpo escultural parecía mármol, impoluto. Su torso, hombros y brazos estaban perfectamente definidos por músculos voluptuosos. Era tremendamente corpulento. Pero no era lo único por lo que intimidaba… Su mirada, extraordinariamente penetrante me traspasaba y se colaba en mi cabeza. Leía cada uno de mis movimientos. Y ahí estaba yo, temblando ante aquel Dios mitológico. Temí que mi voz hubiese desaparecido por la impresión pero fue él quien comenzó a hablar.

-¿Estás enamorado de ella? – dijo con el ceño fruncido, escrutándome con la mirada.
-Profundamente – contesté. Firme. Ante aquella pregunta dejé de tener miedo. Pasara lo que pasase, era una realidad y asumiría las consecuencias.

Tritón miró a Hereida, y solo él pudo leer su mente en aquel momento. Tras ese instante, sus músculos se destensaron y volvió a mirarme. Entonces en sus ojos tan solo vi a un padre profundamente preocupado.

-Mi señor, juro que ni yo ni ningún otro hombre pondrá jamás en peligro a ninguno de los suyos. Le doy mi palabra – sentencié.

Tritón miró a mis hombres, después a Hereida y, finalmente, a mí. Vio la franqueza en mis palabras e hizo un gesto con la mano. Aunque no lo vi supe que mis hombres se alertaron. Pero no fue una señal de amenaza pues comenzaron a salir de las aguas cientos de sirenas que se fueron acercando poco a poco a la orilla, junto con Hereida.

Mis camaradas hicieron lo mismo, y se fueron acercando poco a poco. En unos minutos, las sirenas jugaban con mis hombres. Les olían el cabello, les inspeccionaban las ropas… curiosas. Ellos, por su parte, las miraban asombrados, ya sin ningún temor. Acariciaban sus escamas y las cubrían de elogios.

Al ver aquella escena, tan ansiada por mí y mi amada, nos dimos cuenta de que nada nos podría separar y sellamos nuestro amor delante de todos con un beso. Después, miramos a Tritón, quien se llevó la mano derecha al corazón y me miró, dándonos su bendición.


Felices, mis hombres y yo corrimos hacia el barco. “¡Alzad las velas! ¡Izad el ancla!” Gritaron. Y pusimos rumbo a ninguna parte, con las sirenas abriendo nuestro paso. Fue así como Hereida y yo comenzamos un nuevo capítulo en la historia. Una nueva era en la que el ser humano y sirenas podían vivir juntos.


LEER CAPÍTULO 3

2 comentarios:

  1. Sara, te amo.
    Maldita seas, qué bien escribes.
    Ole, ole.
    Esa es toda mi valoración. Besazos.

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    Respuestas
    1. Muchas gracias jajaja aunque lo escribí hace unos añicos jaja
      ¡Un besooo!

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