DEAR DIARY 5

viernes, 7 de octubre de 2016



“Ciudad. Hora pico. Hombre de 30 años vestido con traje, corriendo por la calle abriéndose paso entre la gente”



Querido diario:

Hoy he tenido una bonita experiencia. Como de costumbre, estuve en el café tomando el almuerzo y leyendo el periódico. Pero me entretuve demasiado. Cuando Marga no viene conmigo, siempre se me va la noción del tiempo. Miré el reloj y vi que tenía exactamente tres minutos para pagar, salir de la cafetería, andar dos manzanas y subir las escaleras de cinco pisos porque, cómo no, el ascensor seguía estropeado, para llegar a la hora a trabajar.

Así que pagué y salí disparada hacia la puerta, con el abrigo en una mano y el maletín en la otra. Eché a correr maldiciendo haber elegido zapatos de tacón esa mañana. Oía gritos, pero no me importó, yo seguía corriendo. Tenía que visualizar mi planta, mi mesa porque si no me venía a la mente la cara de mi jefe echándome una nueva reprimenda. 

Ya estaba entrando en mi calle cuando oí un grito más cercano. Me di la vuelta y apareció un hombre de unos treinta años, vestido de traje, haciéndose paso entre la gente corriendo hacia mí. “¡¡¡Señorita!!!” Me gritaba. Cuando estuvo a medio metro de mí me tendió mi cartera mientras cogía aire.

“Se te olvidaba esto en el café” me dijo. Le di las gracias y le prometí que algún día le devolvería el favor. Menos mal, ¿cómo había sido tan estúpida de olvidar la cartera? Con una gran cantidad de dinero, tarjetas, el DNI… Intenté olvidar el asunto…

Cuando salí de trabajar fui caminando hasta casa y, oí alboroto en una tienda al pasar por la puerta. Según unas señoras, parecía que alguien quería irse sin pagar. Me acerqué, curiosa, pero nada de lo que chismoseaban aquellas mujeres era cierto. Vi de nuevo al hombre del traje, quien parecía no tener suelto para pagar unos artículos. Y a la dependienta, que se estaba lamentando porque no funcionaba la máquina para leer las tarjetas. Así que, dispuesta a devolver el favor, me acerqué y pagué su compra con el dinero suelto que tenía. Y… ¿qué dirás? No he perdido ningún dinero, porque me ha invitado a cenar esta noche… ¿Qué me pongo?

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