
Respiraciones
entrecortadas. Suaves gemidos. Caricias furtivas. Miradas ardientes… Valeria
subió las escaleras, temerosa. Los sonidos provenían de su habitación. Abrió la
puerta, sin hacer ruido, tomó aire y se asomó lentamente. Marissa Lo Greco,
sudorosa, estaba acompañada de un hombre. Ambos tendidos en su cama,
disfrutando de aquel arrebato de pasión entre amantes. Valeria se horrorizó
ante aquel espectáculo que estaba teniendo lugar en su propio cuarto. La mujer
estaba a horcajadas encima de aquel hombre. De repente, la miró y Valeria se
quedó petrificada. Marissa gritó y buscó las sábanas para cubrir su cuerpo
desnudo. Entonces, aquel hombre se giró hacia la puerta. Sus ojos verdes se
clavaron en los de Valeria. “Valeria” – la nombró. Y comenzó a desaparecer.
“Valeria”… Y, de pronto, despertó. Sobresaltada comenzó a buscar con urgencia a
Marissa o a aquel hombre en su habitación. Pero no encontró a nadie. Había sido
tan solo una pesadilla. Aún tenía la respiración acelerada y procuró calmarse
un poco.